El pequeño robot y el corazón humano

Érase una vez un pequeño robot llamado Robo. Vivía en un laboratorio lleno de luces, pantallas y máquinas.

Robo era muy inteligente. Sabía contar, hablar y ayudar a los científicos.

Pero se hacía una pregunta importante:

— ¿Por qué sonríen los humanos?

Un día, el profesor le dijo:

— Robo, hoy vas a salir a descubrir el mundo exterior.

Robo sentía curiosidad.

Por primera vez, salió del laboratorio.

Vio a unos niños jugando en un parque.

Se reían, se perseguían y compartían sus juguetes.

—Análisis: son felices —dijo Robo.

Pero no entendía por qué.

Se acercó a un niño pequeño.

—¿Por qué te ríes? —preguntó Robo.

El niño sonrió:

—¡Porque estoy jugando con mi amigo!

Robo se quedó pensativo.

Un poco más lejos, vio a una niña que compartía su merienda.

—¿Por qué lo compartes? —preguntó él.

—Porque eso hace feliz a mi amiga —respondió ella.

Robo lo guardó todo en su memoria.

Pero sentía algo extraño en sus circuitos.

Como un ligero calor.

De repente, vio un pájaro que se había caído del nido.

Los niños se reunieron.

—¡Hay que ayudarlo! —dijeron.

Juntos cuidaron del pájaro.

Robo también les ayudó.

Y en ese momento, sintió algo nuevo.

—¿Qué es eso? —preguntó.

El profesor sonrió mientras lo miraba.

—Es lo que se llama… emoción.

Robo lo entendió.

La felicidad no viene solo de los cálculos…

Sino de compartir y de la amabilidad.

Desde ese día, Robo siguió aprendiendo los números y las máquinas…

Pero también aprendió a sonreír.

Y así fue como un pequeño robot descubrió el corazón humano.