El desayuno sorpresa

Érase una vez un niño pequeño llamado Noah. Cada mañana se despertaba un poco tarde y no le gustaba mucho darse prisa para ir a desayunar.

—¡No tengo hambre! —solía decir.

Un día, su madre le preparó algo especial.

—Hoy vas a descubrir un desayuno sorpresa.

Noah se encogió de hombros.

—Otro desayuno como todos los demás…

Pero cuando entró en la cocina, se quedó paralizado.

La mesa estaba decorada como en un cuento de hadas.

Había fruta cortada en forma de estrellas, pan con forma de corazón y zumo en vasitos de colores.

— ¡Guau…! —murmuró Noah.

— Siéntate —le dijo su madre sonriendo.

Noah empezó a comer una fresa.

— Mmm… ¡qué rico!

De repente, ocurrió algo extraño.

Cada bocado que daba parecía darle energía.

Se sintió más alegre, más rápido y más atento.

—¿Es mágico? —preguntó.

Su madre se rió suavemente.

—Es simplemente un buen desayuno hecho con amor.

Noah siguió comiendo y se sintió cada vez más fuerte.

Incluso le entraron ganas de jugar nada más terminar.

Pero, justo cuando terminaba, se fijó en una pequeña nota que había sobre la mesa:

«La energía viene de lo que eliges para empezar bien el día».

Noah se lo pensó.

—Entonces, si como bien por la mañana, ¿estaré en forma para jugar y aprender?

—Exactamente —respondió su madre.

Desde ese día, Noah se despertaba con más ilusión.

Le encantaba descubrir cada mañana un desayuno colorido y saludable.

Y comprendió algo importante:

Un buen comienzo del día puede hacer que todo el día sea aún más bonito.