El pequeño jardinero de las estrellas

Érase una vez un niño pequeño llamado Sami. Cada noche, le encantaba contemplar el cielo lleno de estrellas desde la ventana de su habitación.

Una noche, mientras observaba las estrellas, una pequeña luz cayó suavemente del cielo.

—Ay… —murmuró una voz.

Sami salió al jardín y vio una pequeña estrella brillante en el suelo.

—¿Te has caído del cielo? —preguntó sorprendido.

—Sí… —respondió la estrella—. Me he perdido.

Sami la cogió con cuidado entre sus manos.

—No te preocupes, te voy a ayudar.

La estrella explicó:

—Tengo que volver al cielo; si no, la noche se volverá más oscura.

Sami se lo pensó un rato.

Entonces se le ocurrió una idea.

Fue a buscar un pequeño espejo, un cubo de agua y una lámpara.

—Quizá pueda ayudarte a brillar lo suficiente como para volver a subir.

Colocó la estrella en el centro del jardín.

La luz del espejo se reflejaba a su alrededor.

El agua brillaba como un pequeño lago luminoso.

La lámpara aportaba una suave claridad.

Poco a poco, la estrella empezó a flotar.

—¡Estoy subiendo! —dijo alegremente.

Pero, de repente, dudó.

—¿Y si vuelvo a caer?

Sami sonrió.

—No estás sola. El cielo te espera.

La estrella se sintió más valiente.

Subió despacio… y luego un poco más… hasta llegar al cielo.

Volvió a ocupar su lugar entre las demás estrellas.

El cielo brilló aún más esa noche.

—¡Gracias, niño! —gritó la estrella desde lejos.

Sami miró al cielo con alegría.

Al día siguiente, le contó esta historia a su madre.

Pero nadie supo nunca si había sido un sueño…

O una verdadera estrella perdida.

Desde aquel día, Sami miraba al cielo con aún más atención.

Y siempre se preguntaba si algunas estrellas habrían visitado ya su jardín.