La Mariquita de los Siete Deseos

Había una vez una pequeña mariquita roja llamada Lila. Vivía en un hermoso jardín lleno de flores perfumadas.

Lila tenía siete puntos negros en sus alas. Cada mañana observaba sus puntos con curiosidad.

— ¡Ojalá mis puntos fueran mágicos! —decía a menudo.

Un día, mientras paseaba sobre una rosa, una vieja libélula le sonrió.

— Cada punto de tus alas puede cumplir un deseo, pero solo para ayudar a los demás.

Lila abrió los ojos de par en par.

— ¿De verdad?

— Sí —respondió la libélula—. Úsalos con bondad.

Ese mismo día, Lila encontró una pequeña hormiga que buscaba una hoja para refugiarse.

— Me gustaría tener una casita —suspiró la hormiga.

Lila tocó uno de sus puntos. Una gran hoja verde cayó suavemente frente a la hormiga.

— ¡Gracias! —exclamó ella.

Un punto desapareció.

Más adelante, una abeja cansada buscaba flores.

— Me gustaría encontrar néctar —dijo.

Lila utilizó un segundo punto. De inmediato, varias flores se abrieron.

La abeja estaba encantada.

Con el paso de los días, Lila ayudó a un caracol a cruzar un camino, a una mariposa a encontrar a su amigo, a una oruga a hallar una hoja tierna, a un grillo a protegerse de la lluvia y a una pequeña flor a recibir un poco de agua.

Cada buena acción hacía desaparecer un punto.

Pronto, solo quedó un punto en sus alas.

Lila se preguntó:

— ¿Debo guardarlo para mí?

En ese instante vio a un pequeño pájaro herido que no podía regresar a su nido.

Sin dudarlo, utilizó su último deseo.

Una suave brisa levantó al pájaro y lo llevó de vuelta junto a su familia.

El último punto desapareció.

Lila miró sus alas completamente rojas.

Estaba un poco sorprendida, pero también muy feliz.

De repente apareció una luz brillante. La vieja libélula regresó.

— Porque has usado tus deseos para ayudar a los demás, has ganado algo mucho más valioso.

Como por arte de magia, los siete puntos reaparecieron.

— La bondad es la magia más grande de todas —dijo la libélula.

Desde aquel día, Lila siguió ayudando a todos los habitantes del jardín con una gran sonrisa en su pequeño rostro.