El arbolito que quería crecer rápido

Érase una vez un arbolito llamado Tim. Vivía en un bonito jardín, rodeado de flores, abejas y mariposas.

Tim era muy impaciente.

—¡Quiero crecer rápido! —decía a menudo.

Las flores le respondían:

—Tómate tu tiempo, Tim. Crecer requiere paciencia.

Pero a Tim no le gustaba esperar.

Cada día miraba a los árboles grandes que lo rodeaban.

—¿Por qué son más grandes que yo?

Un viejo roble le sonrió:

—Hemos crecido poco a poco, con el sol, la lluvia y el tiempo.

Tim suspiró.

—¡Yo quiero ser grande ya!

Un día, cayó una fuerte lluvia sobre el jardín.

El viento soplaba con fuerza y Tim tenía un poco de miedo.

—Soy demasiado pequeño… no soy lo bastante fuerte —murmuró.

El viejo roble respondió con dulzura:

—Aunque seas pequeño, ya eres importante. Tus raíces crecen bajo la tierra.

Tim se quedó pensativo.

Comprendió que, aunque no viera cambios, algo estaba sucediendo en su interior.

Pasaron los días.

El sol brillaba, llovía, las estaciones cambiaban.

Tim seguía creciendo poco a poco.

Una mañana de primavera, se dio cuenta de algo.

—¡Soy más alto que antes!

Los pájaros empezaron a posarse en sus ramas.

Las flores brotaban a su alrededor.

Una ardilla encontró refugio entre sus hojas.

Tim estaba feliz.

—Ya lo he entendido —dijo—. Crecer lleva tiempo, pero cada día cuenta.

El viejo roble sonrió:

—Y ahora estás listo para continuar tu viaje.

Tim ya no tenía prisa.

Sabía que la paciencia hace que todo sea más bonito.

Y desde ese día, crece poco a poco, orgulloso de cada pequeño paso.