Érase una vez una niña llamada Zoé. Vivía en una casa tranquila cerca de un pequeño parque.
A Zoé le encantaba jugar, dibujar y escuchar cuentos antes de dormir. Pero no le gustaba mucho la hora de acostarse.
—¡Solo cinco minutos más! —solía decir.
Una noche, su mamá le regaló un pijama nuevo.
—Toma, Zoé, pruébate este.
Era un bonito pijama azul con estrellitas brillantes.
—¡Es precioso! —dijo Zoé sonriendo.
Se lo puso y se fue a la cama.
En cuanto cerró los ojos, ocurrió algo extraño.
Su cama empezó a brillar suavemente.
—¿Qué está pasando? —murmuró.
De repente, se encontró en un cielo lleno de nubes mullidas.
—¡Bienvenida, Zoé! —dijo una pequeña estrella centelleante.
Zoé se quedó sorprendida.
—¿Dónde estoy?
—En el Mundo de los Sueños —respondió la estrella.
Zoe miró a su alrededor. Las nubes eran como cojines, y las estrellas bailaban suavemente en el cielo.
Caminó sobre una nube mullida.
—¡Es como caminar sobre algodón! —dijo riendo.
La estrella le explicó:
—Tu pijama es mágico. Te ayuda a viajar por hermosos sueños cuando duermes plácidamente.
Zoe estaba maravillada.
Visitó un castillo hecho de luz, jugó con estrellas fugaces y se deslizó por un arcoíris brillante.
Pero, de repente, una nube se volvió gris.
El cielo del sueño empezó a oscurecerse.
—¿Qué está pasando? —preguntó Zoe.
La estrella respondió:
—Los sueños se vuelven tristes cuando uno se resiste a dormir en el mundo real.
Zoe lo entendió.
—Entonces, ¿tengo que dormir bien para que todo siga siendo bonito?
—Sí —dijo la estrella sonriendo.
Zoe cerró los ojos en su sueño y pensó en su cómoda habitación.
Poco a poco, sintió cómo la luz la envolvía.
Cuando volvió a abrir los ojos…
Estaba en su cama, bien calentita con su pijama de estrellas.
Por la mañana, sonrió.
— Al fin y al cabo, dormir también es embarcarse en una aventura…
Desde ese día, a Zoé le gustaba mucho más la hora de acostarse.
Porque cada noche podía convertirse en un magnífico viaje.