La Nube que Cambiaba de Color

Había una vez una pequeña nube llamada Nino. Vivía muy alto en el cielo, sobre las montañas, los bosques y los pueblos.

Todas las demás nubes eran blancas y tranquilas.

Pero Nino era diferente.

A veces se volvía rosa, otras azul y, al atardecer, incluso dorada.

—¿Por qué cambio de color todo el tiempo? —se preguntaba.

Las otras nubes le respondían:

—Nosotras permanecemos blancas. Es mucho más sencillo.

Pero a Nino no le gustaba ser igual que los demás.

Un día descendió un poco por el cielo para observar la Tierra.

Vio a unos niños jugando en un jardín.

Ellos levantaron la vista y exclamaron:

—¡Mirad! ¡Hoy la nube es rosa!

Nino se sorprendió.

Los niños parecían muy felices al verlo cambiar de color.

Más adelante pasó sobre un campo de flores.

Las flores comenzaron a brillar suavemente bajo su luz de colores.

Una vieja tortuga dijo:

—Tus colores hacen que el cielo sea más alegre.

Nino empezó a comprender algo.

Ser diferente no era un defecto.

Hacía que el mundo fuera más hermoso.

Pero un día el cielo se volvió gris y triste.

Llegó una fuerte lluvia y Nino también se oscureció.

Se sintió preocupado.

—Quizás debería ser como las demás nubes —dijo.

Pero una pequeña golondrina le respondió:

—Incluso cuando el cielo está gris, formas parte del equilibrio de la naturaleza.

Poco a poco, la lluvia dejó de caer.

Y el sol volvió a salir.

Nino recuperó sus hermosos colores suaves y luminosos.

Aquel día comprendió que cambiar y ser diferente no es una debilidad.

Es una riqueza.

Desde entonces, dejó de tener miedo de sus colores.

Y cada vez que aparecía en el cielo, los niños levantaban la vista con una gran sonrisa.

Porque Nino no era una nube como las demás…

Era una nube mágica que llevaba alegría allí por donde pasaba.